jueves, 26 de septiembre de 2013

HUELGAS EN EL SIGLO XXI

 Jueves, 26 de Septiembre de 2013
HUELGAS EN EL SIGLO XXI
 ¿Se han dado cuenta que en la actualidad hay varias huelgas, algunas indefinidas? ¿Recuerdan las últimas huelgas generales? ¿Qué les parecieron?
 Evidentemente, como pasa siempre, para los convocantes fueron un éxito, para los destinatarios un fracaso y para los ciudadanos, pues qué quieren que les diga, cada vez más ni fu ni fa; ya ni nos molestan los percances que nos ocasionan y, mucho menos, prestamos atención a las demandas de los huelguistas.
 Y es así porque bastante tiene cada uno con salir del paso, solucionar sus problemas e ir sobreviviendo en el entorno.
Las huelgas de los trabajadores deberían de ser estudio profundo por parte de los trabajadores y de los sindicatos. Recordemos qué pretenden y cuál era/es su poder.
El origen de las huelgas se sitúa en la revolución industrial. En un primer momento, por el miedo de los trabajadores a la pérdida de sus puestos de trabajo por la invasión de las máquinas en las fábricas (visión errónea). En segundo lugar, para mejorar las condiciones de trabajo en los centros fabriles.
 No hay mucho que decir, nos situamos en el siglo XIX y XX y parece clara la finalidad y, sobre todo, el éxito de las mismas, porque mejoraron las condiciones de vida de los trabajadores.
 ¿De dónde nacía el poder de los trabajadores?
Aunque no se lo crean, es el propio mercado el que otorgó un gran poder de negociación a los trabajadores. El poder de negociación nacía de la escasez de mano de obra para las fábricas y por ello la mayoría de las confrontaciones entre trabajadores y empresarios se saldaban con acuerdos de mejora de las condiciones de trabajo.
 Y estuvo bien y ha estado bien y ha funcionado hasta no hace mucho, digamos finales del siglo XX principio del actual.
 Hasta entonces las empresas necesitaban fabricar para atender la demanda. Necesitaban trabajadores para satisfacer las necesidades de una población que, gracias en cierto modo a las presiones laborales, había conseguido unos ingresos más elevados y prestaciones para los jubilados que les permitían consumir más de todo.
 Si echan un vistazo a la historia reciente, a nivel mundial, el invento funciona perfectamente hasta los años 70, luego empieza una decadencia que no se ha empezado a notar hasta la actualidad.
 Resumiendo. Había que producir para atender una mayor demanda, se necesitaba trabajadores para esa producción y, como consecuencia, se producía un acuerdo que repartía las ganancias entre los trabajadores y las empresas. Fue en esas décadas cuando la participación de los salarios en la Renta Nacional fue más elevada y los márgenes empresariales más estrechos ¿casualidad?
 Pero llegó finales del Siglo XX, con su tecnología nueva, arrolladora, como Internet y todo lo relacionado con la comunicación. Y se puso en marcha la globalización y con ella la deslocalización. Después la supertecnología y su transformación de bienes en servicios.
 La división de las cadenas de fabricación y su deslocalización hizo que la producción de un bien se repartiera por todo el mundo. Las empresas buscaron países con coste de personal más barato, con menos conflictividad social, con menos tributación, menos controles ambientales, etc. Todo facilitado por la facilidad del transporte, la comunicación instantánea y una tecnología fabril que cada vez exigía menos personal y menos cualificación del mismo.
 La situación continúo durante varias décadas. Se disimulaba con el recurso a la deuda que se les permitía a los trabajadores y a la Administración seguir gastando y creando "necesidades" mediante el Estado del bienestar (pensiones, subsidios, etc. Que aumentan el consumo) que las empresas satisfacían. Se fabricaban nuevos productos, se mejoraban otros, repartiendo su montaje por el mundo y los ciudadanos contentos porque las cosas eran más baratas y tenían más variedad.
En el último lustro la transformación de bienes en servicios. Piensen en las películas de video, había que fabricarlas, distribuirlas, tener establecimientos donde los clientes las alquilaban y ahora todo es un clic de ordenador y tenemos lo mismo. Piensen en las agencias de viajes, sus agentes. Piensen dónde está la música "física", los cds, los vinilos. Piensen en la destrucción de trabajo de las tiendas por INTERNET. Sigan pensando. Pueden leer la primera entrada de este blog para recordar lo que hemos estado haciendo.
Y ahora, que el nivel de deuda de los ciudadanos, empresas pequeñas y medianas y Administraciones ya no puede ir a más, empiezan los problemas para los ciudadanos de estas sociedades. Pretendemos seguir mejorando las condiciones laborales, las pensiones, reducir la jornada laboral o, ahora ya nos hemos dado cuenta, mantenerlas. Y los sindicatos recurren a la huelga y….
… Y no pasa nada. Las cosas no cambian. No se llega a acuerdos con las empresas o las Administraciones. Todo empeora, se negocia a la baja para salvar algo. ¿Por qué?
Pues porque el trabajador ya no es necesario. Sí, ya sé que suena fuerte y, evidentemente, no me refiero a todos los trabajadores, sino a que todos ya no son necesarios.
 Y las huelgas no funcionan porque una empresa que no puede producir en una fábrica, porque sus trabajadores están en huelga, produce esa parte en cualquier otro centro de producción que tiene repartido por el mundo y el mercado, los clientes, ni se enteran de que en la fábrica de al lado están de huelga.
Por ello el sistema es nuevo, diferente y el poder de los trabajadores no es el que era en las décadas centrales del siglo XX. Por ello los márgenes de beneficios de las grandes corporaciones empresariales siguen aumentando. Por ello las condiciones laborales se mantienen o empeoran. Por ello la gente no se preocupa de el de al lado. Por ello cada uno se busca la vida e intenta sobrevivir. Todo porque, en el fondo, sabes que las cosas no volverán a ser como antes, que sobra fuerza laboral y las cosas son nuevas y, como tales, desconcertantes e inestables.
El resto, y hay mucho, si quieren lo piensan.